Una buena foto de producto no busca parecer una publicidad inalcanzable. Busca responder rápido qué se vende, cómo es y qué tamaño tiene. Con un celular, una ventana y un criterio repetible podés mejorar mucho la confianza que transmite el catálogo.
Usá luz lateral suave
Trabajá cerca de una ventana, pero evitá el sol directo que crea sombras duras. Ubicá el producto de costado respecto de la luz y probá con una cartulina clara del otro lado para suavizar contrastes. Antes de sacar fotos, limpiá la lente: es un detalle pequeño que cambia la nitidez.
Mostrá lo que una persona necesita ver
La primera imagen debe mostrar el producto completo. Después sumá ángulos, textura, detalle, variante o escala según corresponda. Una taza necesita una referencia de tamaño; una prenda, frente, espalda y caída; un servicio, un resultado real con permiso.
Elegí un fondo que no compita
Un fondo simple y consistente hace que el catálogo se lea mejor. No hace falta que sea blanco: puede ser una mesa de madera clara o una pared neutra. Evitá objetos que confundan sobre qué está a la venta.
Editá con moderación
Corregí recorte, luz y orientación, pero no cambies colores, tamaño o terminación hasta volverlos irreales. Si un tono varía por pantalla, describilo también en texto. Guardá los archivos originales y exportá versiones livianas para que carguen rápido en celular.
Las mejores fotos trabajan junto a una descripción precisa, no en su lugar.



