El inventario no necesita ser perfecto para ser útil. Necesita responder tres preguntas sin demoras: qué hay disponible, qué se está terminando y qué no conviene volver a comprar todavía. Empezá por la parte del catálogo que más rota, no por querer contar todo en una tarde.
Definí una unidad clara
Cada producto debe tener un nombre y una unidad que el equipo reconozca. “Vela grande ámbar” funciona mejor que “vela 3”. Si hay variantes de color o talle, registralas por separado cuando cambie la disponibilidad. Mezclar unidades, packs y productos sueltos produce errores al momento de vender.
Usá un punto de reposición
Para cada producto importante, elegí una cantidad que indique “hay que mirar esto”. No es una promesa de compra automática: es una señal para revisar proveedor, costo y demanda. Por ejemplo, si normalmente vendés seis unidades por semana y reponer tarda dos semanas, no esperes a llegar a cero para pensar.
Hacé una rutina corta
Al cerrar el día, actualizá entradas, ventas y ajustes importantes. Una vez por semana, contá físicamente los productos de mayor movimiento y comparalos con el registro. Si hay diferencias, buscá la causa: muestras, daños, devoluciones o errores de carga.
Separá lo activo de lo inmóvil
Un producto sin salida no siempre es un fracaso; puede necesitar otra foto, precio, ubicación o simplemente dejar de ocupar capital. Marcá los artículos que no se movieron en un período razonable y decidí entre promoverlos honestamente, combinarlos o discontinuarlos.
El catálogo con stock tiene más valor cuando refleja lo que realmente podés entregar.



